Marcos Antonio Maceo Urgellés aseguraba ser bisnieto del Mayor General del Ejército Libertador Antonio Maceo y Grajales, el Titán de Bronce. Al fallecer tenía 62 años, y la pierna derecha amputada. Vivía en extrema miseria, no percibía jubilación ni era asistido por Seguridad Social. Aún se desconocen las causas de su muerte.

Vivía en calle Georgia # 9, reparto Víbora Park, municipio Arroyo Naranjo. Su “vivienda” solo estaba conformada por viejas y agrietadas paredes con algunos fragmentos de puertas y ventanas.

Sin servicio sanitario, el piso de la habitación estaba marcado por orines y las moscas campeaban por su respeto. Un viejo televisor Panda y un pequeño ventilador junto a una silla de ruedas defectuosa eran todas sus propiedades.

Según refirió, hacía cerca de  4 años que una brigada de Mantenimiento Constructivo de Arroyo Naranjo llegó para demoler el techo de la y ponerle uno de cubierta ligera. Solo quedó original el de la habitación, donde dormía sobre lo que algún día fuera un colchón.

Una silla era la meseta para la hornilla eléctrica donde apenas podía calentar lo poco que algunos amigos le llevaban. Carecía de jubilación.

Seguridad Social tampoco le otorgó una chequera tras la amputación de su pierna derecha, de la que en más de una ocasión aseguró “me cogió gusanos en el Hospital “Julito Díaz”. Y nos comentaba que por eso la izquierda se la atendió él mismo, con “medicina alternativa”

Maceo Urgellés aseguró que la Asociación de Combatientes se negó a brindarle ayuda, no obstante “haber cumplido el llamado de la Patria en Angola y Nicaragua… porque esa organización fue creada solo para ayudar a los que lucharon en la Sierra”.

“Le dediqué mi vida a este proceso revolucionario y ahora estoy abandonado a mi suerte” sentenció. Meses antes de fallecer, miembros de la Red de Cultura Inclusiva-Cuba y él tuvieron varios encuentros, de cuyos momentos surgió una relación fraternal, la que permitiera conversaciones y confesiones, que permiten asegurar que este descendiente de patriota terminó sus últimos días de vida sumido no solo en la extrema pobreza, sino también en la frustración.

Por:  Juan Carlos Linares Balmaseda