¿Pueden esperar los cubanos acciones o resoluciones de la ONU en apoyo a la lucha contra la dictadura castrista y la violación de los derechos humanos en la isla?

Poco probable. La última muestra de ello ha sido el boicot a la intervención del científico cubano Ariel Ruiz Urquiola, el 3 de julio último, ante el Consejo de Derechos Humanos en Ginebra. Se evidenció nuevamente que la ONU y especialmente el CDH están supeditados a fuerzas políticas contrapuestas a los principios altruistas y de convivencia humana plasmados en la fundacional Carta de Naciones Unidas de 1945. Es más, todo indica que el largo brazo del castrismo se mueve a gusto dentro de la ONU.

Solo al declararse el biólogo cubano en huelga de hambre frente al edificio donde sesionaba el CDH, al quinto día de ayuno, le concedieron 90 segundos, pero apenas pudo hablar 30 segundos. Fue interrumpido impunemente todo el tiempo por los representantes de Cuba, Venezuela, China, Corea del Norte y Eritrea, sin que la presidencia de la sesión hiciera nada por impedirlo.

O sea, representantes de cinco dictaduras junto a funcionarios de la ONU silenciaron al único cubano opositor residente en la isla que ha podido presentar su caso en Naciones Unidas. Ruiz Urquiola finalmente no pudo denunciar la violación de los derechos humanos en Cuba, ni que cuando estuvo preso por motivos políticos le inocularon el virus del SIDA.

La inoperancia de la ONU

Episodios como ese empeoran la tara de origen que arrastra la ONU: el derecho de veto en el Consejo de Seguridad (CS) que tienen Rusia, China, EEUU, Gran Bretaña, y Francia. Lo impusieron como condición sine qua non para hacer posible la ONU, fundada hace 75 años por 51 países, entre ellos Cuba. El Consejo de Seguridad es el único órgano que puede tomar decisiones de obligatorio cumplimiento, pero solo lo hace si complace a Moscú, Pekín, Washington, Londres y París, cosa casi imposible.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, hasta los años 60, decenas de países de África, Asia y el Pacífico obtuvieron su independencia. El mundo se ensanchó políticamente y hoy el organismo cuenta con 193 países miembros.

Pero paradójicamente la ONU con más miembros no ha ido a más, sino a menos.

Mayoría no democrática; el zorro cuidando el gallinero

Es ostensible la manipulación política en el Consejo de Derechos Humanos, integrado por 47 países elegidos por mayoría simple en la Asamblea General. Hay 26 naciones de África, Asia y el Océano Indico, incluidas las tiranías de China y Vietnam, y una abrumadora mayoría de regímenes autoritarios africanos y asiáticos. De Latinoamérica hay 8 miembros, incluyendo las satrapías de Cuba, Venezuela y Nicaragua; y de Europa hay 13 integrantes, incluyendo a Rusia.

¿Cómo es posible que un instrumento global para la defensa de los derechos humanos esté integrado y manejado por violadores flagrantes de esos derechos?

La respuesta nos lleva a la fábula del zorro cuidando el gallinero. De la membresía total de la ONU al menos 110 son autocracias, algunas disfrazadas con “elecciones” periódicas amañadas, o dictaduras sin maquillaje, y también regímenes monárquicos antidemocráticos. Violan los derechos humanos, pero son mayoría en la Asamblea General.

No admiten que en Cuba hay dictadura

La Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, la militante socialista chilena Michelle Bachellet, nunca ha admitido que en Cuba hay una dictadura. Elogia la “revolución cubana” y jamás ha condenado claramente la violación de los derechos humanos en la isla. Pero sí confesó su gran admiración por Fidel Castro, con quien se entrevistó muy emocionada.

Tampoco hay dictadura en Cuba según el secretario general de la ONU, el portugués y también militante socialista Antonio Guterres. Ni para la FAO, la CEPAL, la UNESCO, la UNICEF, la OMS y casi todas las agencias especializadas de la ONU, que alaban los “logros” castristas y divulgan gustosas las estadísticas falseadas enviadas por La Habana. Por cierto, el director de la OMS, el etíope Tedros Adhanom, es marxista-leninista y amigo de Pekín.

En fin, el boicot a Ruiz Urquiola no fue una sorpresa. Ocurrió por la complicidad de funcionarios del Consejo de Derechos Humanos con la delegación castrista y sus compinches.

Hizo bien el científico cubano cuando al salir del edificio de la ONU en Ginebra leyó a un grupo de personas su declaración de 90 segundos y terminó preguntando:

“¿Hasta cuándo quedarán con impunidad los crímenes de lesa humanidad del gobierno cubano?”